La Universidad australiana RMIT está involucrada en un proyecto basado en el desarrollo de una nueva tecnología geotérmica que pretende conseguir electricidad limpia y agua potable a través de fuentes de energía renovable.
Australia quiere con este proyecto ser pionera en uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el planeta: producir agua potable al mismo tiempo que se genera electricidad ecológica
La electricidad ecológica es aquella que emite una mínima emisión de gases contaminantes a la atmosfera, tiene una mínima producción de residuos sólidos, un escaso impacto en el paisaje y la biodiversidad y sus riesgos humanos y medioambientales son prácticamente nulos.
Y aunque parece un proyecto a muy largo plazo, los investigadores australianos afirman que su puesta en marcha será en breve y han recibido 1,2 millones de dólares, la financiación que necesitaban para transformar agua salada en potable, y de paso sacar electricidad de ella.
El ministro australiano de Energías y Recursos, Peter Batchelor apuesta por investigadores y “mentes brillantes” para avanzar en el terreno de las energías renovables y combatir el cambio climático. De ahí que el gobierno australiano esté apoyando el proyecto desde el principio.
Al frente del proyecto está el investigador Aliakbar Akbarzadeh y ha explicado que la investigación se centra en el desarrollo de un sistema geotérmico dual que puede desalar aguas hidrotermales, mientras genera energía renovable.
Australia cuenta para el desarrollo del proyecto con una característica fundamental ya que a pesar de que sus niveles de presas son bajos, cuenta con miles de millones de litros de agua salada caliente almacenada en reservorios geotérmicos de 2 a 4 kilómetros bajo tierra.
Proyectos como este nos hacen ver el futuro con esperanza y aumentan nuestra confianza en la comunidad científica para frenar lo que el ser humano está causando al medioambiente.
Durante el fin de semana, los telediarios han recogido la noticia del pleno del Ayuntamiento convocado en la localidad de Yebra para decidir si se acepta o no que se ubique el cementerio nuclear, lo que el gobierno a denominado como ATC, almacén temporal centralizado.
Los argumentos al sí y al no se enfrentan en el mundo, en España y ahora, incluso entre vecinos. Pero para poder opinar lo mejor es conocer y para ello primero debemos saber ¿qué es un cementerio nuclear?
Un Cementerio nuclear es aquel lugar diseñado y preparado para gestionar de una forma definitiva los residuos radiactivos de una central nuclear (debemos recordar que Yebra está localizada a 15 km de Zorita, la central nuclear ya cerrada y que será desmantelada próximamente).
Son subterráneos y se construyen en zonas de características geológicas tales que se pueda asegurar que no sufrirán filtraciones de agua que pudieran arrastrar isótopos radiactivos fuera del lugar.
Los objetivos principales de un cementerio nuclear son asegurar la protección a largo plazo del medio ambiente contra las radiaciones ionizantes producidas por los residuos radiactivos, asegurar el aislamiento duradero de los residuos de alta actividad y además, debe resistir el calor residual, disiparlo adecuadamente y ser estable a los cambios térmicos que conlleva el almacenamiento de los residuos durante varios miles de años.
El aislamiento de los residuos de la biosfera en estos cementerios nucleares se consigue mediante la interposición de un sistema de barreras múltiples, tanto naturales como artificiales.
Por el momento, los cementerios nucleares son la única alternativa de gestión de parte de los residuos generados por las centrales nucleares de fisión. Y esto es lo que provoca en sí el debate.
En algún lugar habrá que gestionar los residuos radiactivos pero pocos son los que quieren que se haga cerca de su casa. Estos son los de los argumentos del no. La seguridad es su principal arma.
Los pocos del si se dividen en muchos grupos: unos lo que consideran que es imprescindible y que en algún sitio habrá que construirlo; y otros los que miran más allá del medio ambiente y ven en las plantas de gestión de residuos un motor de la economía local y una fuente de empleo.
El debate esta servido ¿tú qué crees?
Nuestro país está apostando fuerte por las energías renovables, consolidándose año tras año. La energía solar es uno de los sectores con más desarrollo debido a las características climáticas de España.
En los últimos años, el mercado fotovoltaico español ha ido creciendo, convirtiéndose en 2008 en el primero del mundo con 2.661 MW instalados. Con estos datos, superamos a Alemania, que era tradicionalmente el líder internacional en implantación de la energía solar.
A lo largo de 2009, la inversión de nuestro país alcanzó los 16.000 millones de euros y alrededor del 60% de las instalaciones tienen una potencia instalada superior a los 2MW.
Otro dato a tener en cuenta es que el 98% de las instalaciones es del tipo de “huerto solar”, siendo Castilla La Mancha la comunidad autónoma con más potencia instalada.
Estos datos, convierten al sector de la energía solar en uno de los más prósperos de la economía española, y por tanto, uno de los más estables laboralmente hablando.
Durante 2009 se han estabilizado los contratos fijos, disminuyendo de forma drástica los empleos temporales ligados a la energía solar, especialmente en la fotovoltaica.
Formarse en energía solar es una forma inteligente de afrontar la crisis que vive la economía española. Ser técnico en energía solar te proporciona una profesión innovadora, con estabilidad laboral y un empleo para construir un mundo mejor y más sostenible.
MasterD tiene entre su oferta formativa cursos sobre energías renovables, especialmente el de Técnico en Energía Solar. Con este curso podrás aprender la implantación de la energía solar tanto en el sector térmico como fotovoltaico.
Además, MasterD cuenta con acuerdos con empresas del sector para que los futuros técnicos solares puedan comenzar su andadura profesional e ir adquiriendo experiencia en la instalación y el mantenimiento.
En Brisbane, la tercera ciudad más grande de Australia, se ha construido el puente solar más largo del mundo. Mide 470 metros de longitud por 6.5 metros de ancho y se espera que 36.500 personas pasen por él cada semana.
Este puente, llamado Kurilpa, es exclusivo para peatones y ciclistas. Además, su principal característica es que obtiene la energía para encender todas sus luces de 84 paneles fotovoltaicos que se reparten a lo largo de toda su estructura.
Por el día, aprovecha la luz solar para utilizarla como suministro para abastecer del 75 al 100% de la iluminación de la estructura del este puente de Brisbane.
Estas placas solares generan una producción de electricidad de 100 kilovatios y una media anual de 38 megavatios, lo que provoca un excedente de energía que es almacenado en unos acumuladores para después transferirse a la red principal.
Además, el puente cuenta con un complejo sistema de iluminación LED con el que se puede programar las luces para producir diferentes efectos en la iluminación, muy útil para eventos y celebraciones de la ciudad.
Según el Ministro de Obras Públicas australiano, Robert Schwarten, esta forma de suministro conseguirá disminuir las emisiones a la capa de ozono, evitando alrededor de casi 38 toneladas de emisiones de dióxido de carbono cada año.
Para su construcción se han utilizado unas 550 toneladas de acero y casi 7 kilómetros de cable, además de 1.500 metros cúbicos de hormigón, creando varias torres de acero que se elevan en la pasarela rodeadas por una red de cables de alambre tensado que imitan a las cuerdas y los mástiles de un barco.
Este puente, además de ser sostenible al utilizar energía solar para su iluminación, se ha convertido una de las atracciones turísticas de la ciudad.
Esperemos que iniciativas como esta sean recogidas por otras ciudades que son atravesadas por ríos y llegue un momento en el que un puente solar no sea una atracción turística si no una realidad cotidiana que no llame la atención por innovadora o novedosa.
Si en España teníamos ya el proyecto de investigación sobre cultivos energéticos On Cultivos, ahora empiezan las comunidades autónomas a destinar recursos y esfuerzos a este tipo de investigaciones. La pionera es Andalucía con el desarrollo del proyecto de investigación Cultivos Energéticos para Biomasa.
Este proyecto ha sido impulsado por el Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) y pretende que empresas, administraciones y organismos de investigación se unan en la potenciación de los cultivos energéticos.
Esta iniciativa ha nacido de la colaboración de tres instituciones: IFAPA, la Sociedad Andaluza de Valorización de la Biomasa y la Agencia Andaluza de Energía.
El proyecto andaluz se apoya en el estatal On Cultivos, especialmente en el CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas) para la investigación de plantas como la colza, la carinata, el sorgo, el cardo, la paulonia o el chopo. Además, ambos proyectos comparten participantes ya que Asaja y Acciona Energía participan en ambos.
El proyecto de investigación de cultivos energéticos andaluz se ha marcado una serie de objetivos concretos:
· Identificar los problemas de los agricultores para sustituir los cultivos tradicionales por los energéticos.
· Señalar las especies con mayor potencial energético de la región
· Definir la líneas de I+D
· Investigar la mecanización óptima
· Optimizar los sistemas logísticos de suministro de la biomasa recogida
· Establecer mecanismos eficientes de transferencia tecnológica para agilizar la divulgación de resultados y facilitar la toma de decisiones.
· Proponer mecanismos financieros y fiscales que mejoren la rentabilidad de los cultivos energéticos y el marco legal existente.
Este proyecto andaluz para el desarrollo futuro de cultivos energéticos comienza este año su primera fase que comprende dos años. IFAPA colabora con en el proyecto con una inversión de 200.000 euros. Además, la Sociedad Andaluza de Valorización hace un aporte de 430.000 euros.
Con iniciativas como esta, Andalucía se suma a los avances españoles en materia energética, potenciando la biomasa y el ahorro energético. Comunidades como Andalucía con un fuerte desarrollo agrario son piezas clave en el proceso.