Antes de entrar en materia convendría definir primero el término domótica. Podríamos decir que la domótica es la disciplina o técnica que busca conseguir la automatización de una vivienda, aportando así una serie de servicios como pueden ser la gestión energética, la seguridad, el confort, las comunicaciones, etc, utilizando para ello redes interiores y exteriores de comunicación, cableadas o inalámbricas, proporcionando una gran flexibilidad en el control de todo el sistema desde dentro y fuera del hogar.
Pero, centrándonos en el campo de la gestión energética, ¿es posible conseguir un sustancial ahorro energético mediante estos sistemas? Sin duda alguna la respuesta es sí.
La gestión energética de una vivienda es cada día más compleja ya que el consumo es cada vez mayor: electrodomésticos, equipos informáticos y audiovisuales, sistemas de iluminación, calefacción, producción de ACS, aire acondicionado, etc. En este sentido, si queremos consumir la energía de forma eficiente debemos conocer como la estamos consumiendo y establecer estrategias para su utilización. Esta facilidad nos la aporta la domótica, proporcionando información sobre el consumo y ayudándonos a gestionarlo mejor.
Toda instalación domótica está enfocada a la utilización de cada sistema (iluminación, calefacción, etc) única y exclusivamente cuando es necesario, por lo tanto podemos decir que busca en gran medida el ahorro de consumo energético y el aprovechamiento óptimo, económico y racional de la energía para el funcionamiento de la vivienda. Aunque es más exacto decir que una de las aplicaciones más importantes de la domótica es la gestión eficiente de la energía y que el ahorro es el resultado de esta eficiencia.
La aplicación de estos sistemas nos permite controlar por ejemplo:
En artículos posteriores profundizaremos un poco más en estas técnicas de gestión para el ahorro energético.