La ONU insta a implicarse con las energías renovables
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el presidente de la Asamblea General, Miguel D’Escoto, pidieron hace unos pocos días a los líderes internacionales que inviertan en energías renovables y en nuevas tecnologías para aumentar la eficiencia energética. Ban recordó que 2008 fue el primer año en el que la inversión en energías renovables fue mayor que la de las tecnologías de combustibles fósiles, pero pidió la expansión de las energías limpias porque “la economía verde es el futuro”.
En 2007, la inversión mundial en energías sostenibles superó los 148.000 millones de dólares, lo que supuso un incremento del 60% con respecto a 2006, pero este tipo de energías suponen tan solo un 5% de las fuentes de energía mundial.
Enmarcado en el diálogo sobre estos asuntos celebrado por la Asamblea General, el discurso de Ban instó a la comunidad internacional a ver “el mundo de oportunidades” que genera el cambio climático.
El Secretario General de la ONU además confió en que el nuevo acuerdo de Copenhague, que sustituirá al Protocolo de Kyoto como herramienta de lucha contra el calentamiento global, será un “impulso decisivo”.
“Nos encontramos en una encrucijada, una dirección lleva al abismo y la otra a la sostenibilidad y a un mundo más estable y próspero: La elección debe estar clara”, expresó Ban.
D’Escoto, por su parte, también quiso destacar las señales positivas que se están produciendo en el sector energético. “Las perspectivas de futuro para las energías renovables nunca han estado mejor, incluso ahora que estamos viviendo una crisis económica”, afirmó.
Los consumidores y las empresas podrían ahorrarse más de 600.000 millones de dólares al año para 2020 si empiezan a utilizar adecuadamente las energías existentes y la inversión en mejor eficiencia energética podría llegar a los 90.000 millones de dólares anuales. La eliminación de los 300.000 millones de dólares que se conceden anualmente en subvenciones para combustibles fósiles permitiría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta un 6% y sería una importante contribución al producto interno bruto mundial. El desarrollo de las energías renovables supondría una ayuda justamente donde más se necesita. Las economías en desarrollo representan ya el 40% de los recursos renovables existentes en todo el mundo, así como el 70% de la capacidad de calentamiento de agua por energía solar.
Los dirigentes de todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos y China, se están dando cuenta de que lo verde no es una elección sino una necesidad para reactivar sus economías y crear empleo. A escala mundial, existen 2,3 millones de personas empleadas en el sector de las energías renovables, lo que supera ya el número de empleos directos en las industrias del petróleo y el gas.
El Presidente de la Asamblea General recalcó la importancia de invertir en nuevas tecnologías que hagan más eficientes las energías renovables ya existentes pero, para ello, los “Gobiernos y el sector público deben apoyar las metas de las energías renovables y el sector privado debe proporcionar también iniciativas”.
Aunque las perspectivas de futuro parecen favorables, D’Escoto recordó que la situación actual es “insostenible”.
El cambio climático está “amenazando a la humanidad y ha puesto a la Tierra en peligro porque nosotros, especialmente en el hemisferio norte, basamos nuestras economías en combustibles ineficientes y contaminantes”, añadió.
D’Escoto recalcó la gran distancia en consumo energético que hay entre el mundo desarrollado y los países en vías de desarrollo porque mientras que en el norte “se utiliza demasiada energía, la mayor parte del mundo no tiene acceso suficiente a ella”.
A no ser que haya cambios fundamentales, el consumo mundial de energía aumentará un 40% para 2030, por lo que D’Escoto confió en el próximo acuerdo de Copenhague para que se presente una “nueva generación de iniciativas financieras”.
Resumiendo, y utilizando las mismas palabras que Ban Ki-Moon: “Instamos a todos los gobiernos a que aceleren los elementos de estímulo verdes, en particular la eficiencia energética, las energías renovables, el transporte público, la creación de nuevos tendidos eléctricos inteligentes y la reforestación, y a que coordinen sus esfuerzos para conseguir resultados rápidos”… “Nos jugamos tanto que los gobiernos deben ser estratégicos a la hora de decidir. No podemos permitir que lo urgente ponga trabas a lo esencial. Invertir en la economía verde no es un gasto superfluo. Es una inversión inteligente para un futuro más equitativo y próspero”.

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