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Artículos de 03 - 09 - 2008

Bombillas de bajo consumo ¿es oro todo lo que reluce?

03 - 09 - 2008

Recientemente el ministro de Industria, Turismo y Comercio presentó un novedoso Plan de Ahorro y Eficiencia Energética, con el que se espera poder reducir el consumo de energía en España de aquí al año 2011. El plan de ahorro energético contempla regalar a cada hogar dos bombillas de bajo consumo; para ello se repartirán gratuitamente bombillas de bajo consumo (una por cada hogar en 2009 y otra en 2010) a través de vales regalo en la factura de la luz.

En este artículo vamos a profundizar un poco más en cómo funcionan este tipo de sistemas de iluminación, cuyo objetivo es reducir el consumo de electricidad en los hogares, y evitar así la emisión de grandes cantidades de CO2 a la atmósfera.

Las lámparas de bajo consumo de energía, denominadas CFL (Compact Fluorescent Lamp – Lámpara Fluorescente Compacta) son una variante mejorada de las lámparas de tubos rectos fluorescentes, y en la práctica el rendimiento de esas lámparas es mucho mayor, consumen menos energía eléctrica y el calor que disipan al medio ambiente es prácticamente despreciable en comparación con el que disipan las lámparas incandescentes.

Hay que saber que el sistema de iluminación eléctrico más ineficiente es el de bombillas incandescentes, ya que más de la mitad de la energía consumida, alrededor del 65% de la potencia en estas bombillas se pierde en calor. Esta es la gran diferencia respecto a las de bajo consumo, las cuales tienen un rendimiento de conversión de potencia consumida en potencia lumínica muy superior a las incandescentes, alrededor de un 80% más. Es decir, la eficacia lumínica es muy superior, por ejemplo, con una lámpara de sólo 11 W ilumina lo mismo que una incandescente de 60W, y una CFL de 22W equivale a una incandescente de 100W.

La instalación de las lámparas de bajo consumo no varía respecto de las tradicionales de incandescencia, ya que la rosca y el casquillo son idénticos al de éstas. Además, el catálogo que actualmente podemos encontrar en las tiendas es extenso: alargadas, las más comunes; en forma de globo, indicadas cuando estén a la vista; con forma de anillo, para lámparas de techo; con reflectores para dirigir el haz; o con la forma más típica, se adaptan a todas los requisitos de tamaño y decoración.

Las lámparas fluorescentes CFL constan de las siguientes partes:

  • Tubo fluorescente, cuya longitud depende de la potencia en vatios que tenga la lámpara. En su interior hay dos filamentos el propósito de calentar los gases inertes que se encuentran alojados en su interior. Junto con los gases inertes, el tubo también contiene vapor de mercurio (Hg). Las paredes del tubo se encuentran recubiertas por dentro con una fina capa de fósforo.
  • Balasto electrónico, encerrado en la base que separa la rosca del tubo de la lámpara. Suministra la tensión para encender el tubo de la lámpara y regular, posteriormente, la intensidad de corriente que circula por dentro del propio tubo después de encendido; también eleva la frecuencia de la corriente de trabajo de la lámpara entre 20000 y 60 000 Hz aproximadamente, en lugar de los 50 ó 60 Hz con los que operan los balastos electromagnéticos, al trabajar a frecuencias tan elevadas no existe parpadeo.
  • Base, en cuyo interior hueco se aloja el balasto electrónico.
  • Casquillo, con rosca normal E-27, se pueden encontrar también lámparas con rosca E-14 de menor diámetro.

Un argumento extendido en contra del aumento de estas lámparas ha sido su contenido en mercurio, metal pesado altamente tóxico. Por esta razón, se recomienda tomar las siguientes precauciones:

  • Si se rompen, hay que evacuar a las personas de la habitación durante un cuarto de hora como mínimo y ventilar dicha estancia.
  • No se debe utilizar una aspiradora automática para recoger los restos y hay que evitar inhalar el polvo.
  • Se recomienda el uso de guantes para recoger los restos de la bombilla, y como se trata de un producto tóxico, se debería trasladar, en una bolsa o dos selladas adecuadamente, a un punto limpio del municipio dónde se encargarán de su reciclaje.

Frente a esto, hay que sopesar las ventajas que nos ofrecen las CFL, entre ellas estarían las siguientes:

  • La mayor parte de la energía que consumen la convierten en luz que es lo que se espera de una bombilla
  • Utilizan entre un 50 y un 80% menos de energía que una bombilla normal incandescente para producir la misma cantidad de luz.
  • Su utilización implica reducir en más de media tonelada el CO2 arrojado a la atmósfera durante la vida útil de la bombilla.
  • Las bombillas de bajo consumo duran hasta 10 veces.
  • Si cambias cinco bombillas normales por cinco bombillas de bajo consumo puedes ahorrarte unos 60 euros al año en la factura. Y lo que es más importante, reducirás la emisión de gases del efecto invernadero en más de 300 Kg al año.

La decisión final es de cada uno, pero no cabe duda que una buena utilización de dichas bombillas puede producir un gran ahorro global. Pero no hay que olvidar que el mejor ahorro es no desperdiciar la electricidad inútilmente.