Normalmente cuando hablamos de energía solar a todos nos viene a la mente los paneles solares que vemos en alguna casa de campo, o las grandes huertas solares que poco a poco van creciendo en nuestras sierras, o incluso los famosos colectores solares de los tejados para la calefacción y el agua caliente, pero a casi nadie le suele sonar eso de las plantas de generación termosolares de concentración. Vamos en éste artículo a comentar un poco acerca de este tipo de tecnología la cual presenta buenas perspectivas de futuro.
Una central termosolar (es decir, solar térmica) de concentración es una instalación capaz de producir energía eléctrica a partir de la energía calorífica producida por la radiación del sol; hasta ahora esto no tiene nada de nuevo respecto de los otros sistemas de generación solar; el matiz de las CSP (traducción directa del inglés “Concentrating Solar Power”), es que la instalación consiste en una gran cantidad de espejos que siguen al sol, concentrando toda la energía calorífica en un punto determinado, lo cual es utilizado para elevar la temperatura de un fluido caloportador con objeto de producir vapor de agua a presión, la cual hará funcionar a una turbina de vapor, provocando así el movimiento de un alternador, que es donde se produce la energía eléctrica.
Hay dos tipos de centrales solares térmicas: las de torre central y las de colector distribuido. La diferencia entre una y otra está en la forma de concentrar la radiación solar para calentar un fluido conductor, que posteriormente transmitirá su calor a un circuito de agua.
La central solar térmica de torre central, se caracteriza, como su nombre indica, por su torre, que se sitúa aproximadamente en el centro de la planta. La transformación de la energía solar en energía térmica se produce en la caldera situada en la parte superior de la torre. La concentración de la radiación solar sobre la caldera se realiza mediante espejos planos, llamados helióstatos.

La caldera está formada por una serie de conductos a través de los cuales circula un fluido caloportador (generalmente aceite) que absorbe el calor de la radiación solar.
En el generador de vapor se produce el intercambio de calor entre el circuito del fluido caloportador y el circuito de agua, produciéndose vapor de agua a presión, el cual incide sobre una turbina de vapor, haciendo girar su eje y al del alternador al cual está unido. El alternador es el encargado de producir electricidad a partir de su movimiento. Después de accionar la turbina el vapor de agua pasa de nuevo a la fase líquida en un condensador.
Debido a que el sol varía su posición a lo largo del día, los espejos (helióstatos) deben reorientarse continuamente y de forma precisa, con objeto de que los rayos de sol se reflejen siempre en el lugar adecuado.
En el siguiente artículo comentaremos las características del segundo tipo de centrales, así como otras peculiaridades de este tipo de tecnología.